Portada » DIARIO DE UNA RUBIA » qué rápido pasas a ser la mala, cuando dejas de ser la tonta.

Últimamente me viene mucho a la mente la famosa frase de Angelina Jolie, en la película Maléfica: «Vaya, vaya…»

 ¿Recordáis su entrada triunfal al castillo del Rey Stefan en el bautizo de su querida princesita? Por supuesto no era bienvenida, y todo el mundo la trataba como el hada maligna del reino. Era cierto. Era mala malísima, y así lo demostró con la maldición del sueño eterno que condenó a la princesa a pincharse con una rueca.

Maléfica no siempre fue Maléfica.

Desde bien pequeñas nos han contado el cuento de «La Bella durmiente», siendo la protagonista una princesa de perfecta belleza a la cuál sólo un beso de amor verdadero podría despertarla de tal castigo. Pero, ¿y si enfocamos el protagonismo hacia el hada malvada? ¿Cuántas veces te han contado la historia de Maléfica? Seguramente ninguna. Como a mi.

Tú y yo sabemos de sobra que durante muchos siglos atrás, nunca ha interesado que las mujeres conociéramos la historia de otras mujeres, ni si quiera en los cuentos.  Sólo se podía conocer lo que era correcto y encajaba con el perfil de «mujer buena». A las malas se les apartaba del cuento y siempre salían perdiendo. ¡Que equivocadas estábamos!

A maléfica le arrancaron sus alas.

Maléfica no siempre fue Maléfica. A Maléfica lo que le ocurrió es que pasó a ser la mala en el momento que dejó de ser la tonta. A Maléfica le arrancaron sus alas, confió en el primer hombre que dijo enamorarse de ella y la dejó más rota que nunca. Sin poder volar, engañada, sola en su mundo y con el corazón hecho añicos tuvo que recomponerse y convertirse en el hada mala para poder sobrevivir. Ya no importaban los demás, ni lo que pensaran de ella ni si quiera si le temían, la odiaban o la criticaban.

Del cuento a la vida real.

Si trasladamos a Maléfica a la vida real, estoy segura que todas nos hemos sentido como ella más de una vez y más de dos. De hecho, yo me he sentido así la mayor parte de mi vida. Siempre he tenido el dilema interno entre «ser tonta» complaciendo a los demás, o «ser mala» y complacerme a mi misma.  Hasta hace muy poco la balanza se inclinaba hacia complacer a los demás pasando por encima de mis necesidades personales y sin importar si me hacía bien o mal.

Pero por suerte, de hace un tiempo para acá he aprendido que mis prioridades y mis intereses son igual de importantes que los de los demás. Si quiero algo lo pido, si no entiendo algo lo pregunto, si algo no me gusta lo digo en voz alta y sin dar rodeos, independiente sea en el trabajo, en mi vida familiar o sentimental.

Ya no me importa ser la mala del cuento de cara a los demás mientras sienta que soy libre para pensar, para decir y para actuar.  De hecho si tuviera que elegir entre ser La bella durmiente o Maléfica, me quedo con ésta última sin pensar, eso de dormir y esperar eternamente a que un príncipe me saque de mi letargo, no lo veo.  Mejor me dedico a buscar a «otro malo» del cuento, que en vez de dormir me mantenga despierta la mayor parte de la noche… 😏

B E S I S 💋

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«Me gusta que supliques, repítelo.»
MALÉFICA

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