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Queridas rubias, morenas, castañas, pelirrojas y de todos los colores… si estáis casadas, ¡enhorabuena! y si no lo estáis ¡enhorabuena dos veces! 😊

A ver, me explico mejor. No es que yo tenga nada en contra del matrimonio, todo lo contrario ¡me encantan las bodas! Y envidio (sanamente) a esas parejas que de verdad se ve que están hechos el uno para el otro, donde se apoyan, se quieren, se admiran y hacen que su vida tenga mucho más sentido en pareja que de manera individual.

Pero el caso es otro. No estoy hablando de amor o del compromiso de estar con alguien para toda la vida, eso es perfecto si así lo decides. Yo me refiero a lo que implica en sí la palabra matrimonio.

La verdad que el concepto de matrimonio tradicional me genera muchas dudas y, a veces, hasta escalofríos. Es cierto, que jamás me ha atraído la idea de casarme, ni de vestirme de novia, ni de tener una boda de cuento. Mi madre me dice que es porque no he encontrado a mi hombre ideal. Yo creo que mi hombre ideal puede ser cualquiera del que me enamore, y él se enamore igual o más de mi, pero eso no implica que yo quiera renunciar a mi estatus de soltera.

Gracias al esfuerzo de miles de mujeres (en las que me incluyo y te incluyo a ti querida lectora) y que, poco a poco, vamos haciéndonos fuertes en la sociedad, el que una mujer treintañera o cuarentañera siga soltera ya no es un drama digno de una serie de Netflix. #nomoredrama

matrimonio = para toda la vida

Hace unos meses hablaba de este mismo tema en otro artículo (Hasta que la cagues). No hace falta irse demasiado lejos, si miramos cuatro décadas atrás, el que una mujer llegara a cierta edad sin casarse, era un estigma social bastante fuerte. Contando que las mujeres no podían hacer nada por su cuenta,  y si lo hacían eran criticadas, repudiadas y mal vistas por todo el pueblo… pues es entendible que muchas decidieran casarse para no verse en esa situación de «vergüenza social». Aunque ello les costara sacrificar sus sueños y su propia libertad.

Por suerte, en 1981, con la llegada de la Ley del Divorcio, se nos dio a las mujeres, sobre todo a las de aquella época, una herramienta para salir del matrimonio y recuperar la tan necesaria libertad individual ?. Para las más jóvenes que estáis leyendo estas líneas, lo que voy a decir a continuación suena como una barbarie, pero antes de 1981 era lo que «tocaba» si eras mujer:

  • Si tu marido era un borracho maltratador, te aguantabas, porque estabas casada, era lo que tocaba y seguías viviendo en la misma casa con él.
  • Si tu marido te engañaba con otras mujeres, te aguantabas, porque estabas casada, era lo que tocaba y seguías viviendo en la misma casa con él.
  • Si tu marido se gastaba todo lo que ganaba en él, y a penas podías sobrevivir tú y tus hijos, te aguantabas, porque estabas casada, era lo que tocaba y seguías viviendo en la misma casa con él.
  • Si tu marido te daba órdenes de cómo vivir tu vida, cuándo salir, cuándo no, con quien hablar, con quien no, te prohibía ver a tu familia y te trataba como un cero a la izquierda, te aguantabas, porque estabas casada, era lo que tocaba y seguías viviendo en la misma casa con él.

Da miedo solo leerlo ¿Verdad? ?. No me puedo imaginar lo que habrán sufrido millones de mujeres obligadas a estar casadas y «atadas» a hombres por el simple hecho de «haberse casado a ojos de Dios, y ya sabemos que lo que Dios ha unido, no lo debe separar el hombre».  Mi reconocimiento a todas ellas.

Volviendo a la actualidad, solo puedo decir una cosa: Que cada una haga lo que quiera. Que quieres casarte te casas. Que quieres divorciarte, te divorcias. Que te quieres volver a casar y te divorcias otra vez, pues otra vez. Que te quieres casar, y quieres que sea para toda la vida…pues para toda la vida.

Yo, desde mi humilde opinión y posición, debo decir que el día que el matrimonio se parezca al contrato de permanencia de mi móvil, lo firmo:  «Permanencia limitada a 24 meses y una vez cumplido este plazo, me lo cambian por otro nuevo tan ricamente».

Mientras no sea así me voy a abstener de más contratos en mi vida. Me quedo con mi hipoteca ¡¡eso si es un matrimonio duradero!! Mi corazón me dice que los señores del banco jamás me abandonarán. ??

Un abrazo queridas,

B E S I S ?

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«Algunos matrimonios acaban bien, otros duran toda la vida.»
WOODY ALLEN

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